No podemos tener un futuro feminista sin abolir la familia


Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

Dos semanas antes de planear una reunión con la teórica feminista Sophie Lewis, su madre murió. Le habían diagnosticado cáncer en etapa 4 en el mes de marzo, lo que obligó a Lewis a viajar entre su casa en Filadelfia y un hospital en Reino Unido, un viaje que técnicamente no le era permitido debido al estado aún no resuelto de su tarjeta de residencia. Cuando su madre falleció a finales de noviembre, lo hizo a miles de kilómetros de distancia, mientras Lewis y su hermano le cantaban la canción de Taylor Swift "Safe and Sound" a través de Skype.

A principios de ese mes, en una conferencia al sur de Manhattan organizada por la revista de arte e-flux, Lewis, de 31 años, reflexionó sobre lo que algunos podrían ver como una ironía obvia en su viaje interoceánico para cuidar a su madre enferma: Verso Books acababa de publicar su primer libro, Full Surrogacy Now [Subrogación completa ahora], un polémico texto que hace un llamado a abolir la familia.

"Además de tener que soportar la espantosa geopolítica, el 2019 ha sido difícil para esta abolicionista de la familia", dijo Lewis a la audiencia. "Ha sido surrealista porque la coincidencia temporal del lanzamiento de Full Surrogacy Now con esta exigencia sin precedentes para mí —viajar al lecho de muerte de mi pariente biológico más cercano— dio vida al tema central de mi libro con una intensidad casi insoportable".

El libro y su premisa central han atraído una atención generalizada, desde publicaciones de izquierda como Jacobin y The Nation hasta Tucker Carlson, presentador de Fox News, quien dedicó un segmento de junio de su programa a hacerlo trizas. Recientemente, el columnista David Brooks declaró en The Atlantic que "la familia nuclear fue un error". La pieza inspiró una versión de un popular meme de Drake, con el cantante sacudiendo la cabeza con desaprobación ante la columna de Brooks en un cuadro, y sonriendo ante Full Surrogacy Now en el siguiente. ("Me di por vencida después de dos minutos, sin duda, pero que se sepa que yo (incrédula) comencé a leerlo", tuiteó Lewis sobre el artículo de The Atlantic. "¿Hemos llegado a David Brooks?").

Cuando Lewis exige "una maternidad de alquiler completa", no está hablando de la maternidad de alquiler comercial, como ella lo expresa. En cambio, usa la industria de la maternidad de alquiler para construir el argumento de que toda gestación es trabajo debido a la inmensa labor física y emocional de quienes la llevan a cabo. A menudo se refiere al embarazo como un "deporte extremo".

Si todas las formas de embarazo cuentan como trabajo, podemos echar un vistazo a nuestras condiciones de trabajo actuales: "Es un milagro que dejemos crecer un feto dentro de nosotras", dice al comienzo de su libro, citando a las aproximadamente 1.000 personas en Estados Unidos que siguen perdiendo la vida como resultado de embarazos y partos cada año, en su mayoría mujeres pobres y de color. "Esta situación es social, no es sencillamente ‘natural’. Las cosas son así por razones políticas y económicas: las hicimos de esa manera".

Entonces también podemos cambiarlas, argumenta Lewis. Ella imagina un futuro donde el trabajo de crear nuevos seres humanos se comparta entre todos, "ser madre" ya no sería una categoría natural, sino algo que podemos elegir.

En este punto, la "maternidad de alquiler" se vuelve un tanto metafórica: Lewis no está pidiendo que todos aceptemos gestar físicamente fetos que no son biológicamente nuestros. Su propuesta radical es que practiquemos la "maternidad de alquiler completa" mediante la abolición de la familia. Eso significa cuidar los unos a los otros no en discretas unidades privadas (también conocidas como hogares nucleares), sino dentro de sistemas de atención más grandes que nos puedan proporcionar el amor y el apoyo que no siempre podemos obtener de las relaciones sanguíneas, algo que Lewis conoce muy bien.

Incluso aquellos de nosotros que podríamos llamar a nuestras situaciones familiares relativamente "felices" deberíamos apoyar el proyecto de demoler su estructura esencial, dice Lewis. Los hogares nucleares crean la infraestructura para el capitalismo, transmitiendo riqueza y propiedades a los árboles genealógicos, concentrándola en las manos de unos cuantos en la parte superior de nuestra jerarquía de clases. Mantener la estructura familiar tradicional a lo largo del tiempo también ha significado explotar a las personas de color y repudiar a los niños queer.

Lewis imagina un futuro donde el trabajo de crear nuevos seres humanos se comparta entre todos, "ser madre" ya no sería una categoría natural, sino algo que podemos elegir

Lewis no se preocupa por cambios incrementales en nuestros sistemas existentes: Full Surrogacy Now, por ejemplo, no hace ninguna propuesta política concreta ni pasa tiempo atendiendo cuestiones como la brecha salarial de género y la licencia por maternidad. Ella presta atención a posibilidades mucho más audaces: en el futuro utópico de Lewis, la familia tal como la conocemos ya no existe. Todos, independientemente del género, podemos llevar a cabo la maternidad de alquiler; cuidándonos mutuamente.

No, Lewis no descubrió que cuidar a su madre enferma contradecía su postura sobre la familia nuclear. Si ya hubiéramos logrado la abolición familiar, habría habido una vasta red de personas para cuidar a su madre en los últimos meses de su vida, no solo Lewis y su hermano.

"Nada podría haber ilustrado mejor la imposibilidad, la injusticia y la escasez estructural —para todos los interesados— depositadas en el corazón de la familia nuclear privada", dijo.

Cuando visité a Lewis en Filadelfia en diciembre, nos reunimos en un café al otro lado de la calle donde estaba situado su apartamento, alrededor de la 1 PM. Habíamos planeado vernos antes, pero esa mañana Lewis me había enviado un mensaje de texto preguntándome si podíamos retrasar nuestro desayuno un par de horas; había estado bailando hasta las 5 AM en la fiesta de cumpleaños de su pareja Vicky Osterweil. Entró al café con un aspecto fresco y boyante. Su cabello tenía un tono naranja brillante; recientemente se lo había teñido para combinar con las paredes del apartamento de su madre.

Con el fuerte murmullo de las familias disfrutando del almuerzo dominical de fondo, Lewis me contó sobre su probable camino para escribir un libro sobre maternidad de alquiler y teorías abolicionistas de la familia. Comenzamos desde el principio: Lewis nació en Viena, Austria, donde sus padres habían trabajado como periodistas, pero pasó la mayor parte de su infancia en Ginebra, Suiza, y partes de Francia, y tuvo que mudarse a menudo por el trabajo de su padre, el cual dijo que a menudo tenía prioridad sobre el trabajo de su madre o las otras necesidades de su familia.

Este arreglo era un indicador de otras dinámicas familiares más oscuras, según Lewis. Uno de sus primeros recuerdos familiares fue una discusión que tuvo con su padre cuando tenía solo tres años: Lewis y su hermano estaban cantando la parte de la Reina de la Noche en La flauta mágica, una ópera que les encantaba ver de niños. Su padre los regañó a ambos, diciéndoles que no deberían cantar la parte de la Reina porque el Rey la había desterrado y ella se lo merecía. Lewis sollozó. "Si saltamos unos siete años más o menos, él me pregunta: ¿Por qué nunca ha habido un Mozart mujer? ¿Por qué no ha habido un Shakespeare mujer?" dijo Lewis.

Años después, su padre dudó de Lewis cuando ella le dijo que había sido violada a los 13 años. Él le escribió a la pareja de Lewis en un correo electrónico que la violación es "buena para el currículum feminista".

Ella salió de su casa a la primera oportunidad que tuvo.

Sophie Lewis, author of Verso's
Lewis llegó a sus ideas sobre la abolición de la familia intelectualmente, pero su propia historia familiar proporciona un caso de estudio para muchos de sus argumentos en contra de la familia nuclear tradicional. (Christopher Leaman)

Lewis estudió literatura inglesa en la Universidad de Oxford y luego obtuvo una maestría en el programa de política ambiental de la universidad. Para su disgusto, lo que históricamente había sido un programa bastante radical, dirigido por un profesor marxista, se había convertido en uno dirigido por un empleado del Banco Mundial; un representante del conglomerado de petróleo y gas BP dio una conferencia el primer día de clases. Cuando Lewis le dijo al profesor que ella tenía la impresión de que el programa de la clase debía desafiar los intereses corporativos que BP representaba, Lewis contó que el profesor le dijo: "No puedes simplemente cambiar el mundo".

Lewis completó la maestría, pero llevó sus visiones utópicas a otra parte. Organizó un grupo universitario de lectura dedicado a A Cyborg Manifesto de Donna Haraway, un ensayo complicado que imagina un futuro feminista habitado por criaturas híbridas involucradas en la lucha política contra el racismo, la misoginia y el colonialismo que las formó. Lewis descubrió el texto por primera vez cuando tenía solo 16 años, mediante su conexión telefónica a Internet.

"Obviamente no entendí nada", dijo durante el desayuno. "Pero había un alma en su escritura que me pareció muy emocionante. Sentí una extraña cercanía con ella. Fue muy reconfortante".

Posteriormente, Lewis estudió geografía humana —un campo que examina cómo los humanos interactúan con su entorno— y escribió una tesis sobre el trabajo relacionado con la gestación, mientras reflexionaba sobre el trabajo, el género y la naturaleza, y cómo se conectan.

En el futuro utópico de Lewis, la familia tal como la conocemos ya no existe. Todos, independientemente del género, están subrogados; todos estamos al cuidado de todos.

Gran parte de lo que Lewis escribió, durante e inmediatamente después de realizar sus estudios, anticipa el surgimiento de Full Surrogacy Now. Además, también aplicó su ojo crítico feminista al cine y la televisión, escribiendo críticas acerca de Nymphomaniac, Phantom Thread, la adaptación de Hulu de The Handmaid's Tale y un reality show británico llamado First Dates. Esta última crítica fue la que llamó la atención de la editora de la casa editorial Verso, Rosie Warren.

"Reseña" no es la palabra correcta para lo que Lewis hace en estos ensayos. Ella no evalúa el éxito artístico de estas obras, más bien las analiza detenidamente para comprender cómo estamos viviendo en el mundo tal como es, y cómo podríamos hacer que fuera diferente. Phantom Thread, por ejemplo, no es una historia irónica de amor, sino una prueba de que el romance es "una serie de atrocidades que las personas acometen entre sí en nombre del amor y el arte, en aras del poder de clase". Y The Handmaid's Tale, un de los temas de crítica favoritos de Lewis, difícilmente es una distopía feminista para sus fanáticos que practican el cosplay. Más bien es una utopía feminista, que retrata una fantasía de solidaridad, donde todas las mujeres experimentan exactamente la misma forma de opresión, independientemente de otras categorías identitarias como la raza o la clase social.

Al ver First Dates, a Lewis se le ocurrió que las citas heterosexuales de la vida real se parecían mucho a la versión escenificada y estilizada en la que los concursantes del reality show participan: "'Salir en una cita', como se conoce y practica en la actualidad, es como convocar a gente común a un casting para ver si pueden ser oportunidades perfectibles de inversión y además ponerlas a competir entre sí a través de innumerables plataformas", como OkCupid y Tinder, escribió.

"La editora de Verso leyó el ensayo y me dijo: 'Lo increíble de tu escritura es que eres como una extraterrestre que ha venido a señalarnos lo que está mal en la cultura heterosexual'", recordó Lewis. "Y por eso me decidieron publicar mi libro".

Warren se echó a reír cuando le recité esto por teléfono. La perspectiva de Lewis hacia la cultura "permite que veas las cosas como son", dijo. "Es una sensación maravillosa que haya alguien que pueda señalarte las cosas que ni siquiera notas que has aceptado como 'normales'".

Lo que parece causarle máxima emoción a Lewis es desentrañar detalladamente los artefactos culturales. Una tarde, mientras comíamos pizza de champiñones, me dijo animadamente que ella y Osterweil habían descubierto el secreto para entender la serie Gilmore Girls, la cual recientemente habían visto juntas por primera vez. El programa, un drama familiar de los 2000, presenta a los hombres como personajes marginales mientras que las mujeres son el motor de la acción, explicó.

"Todas las mujeres son hombres y todos los hombres son mujeres", agregó Osterweil.

Cuando se publicó Full Surrogacy Now en mayo, los conservadores estaban horrorizados. Poco después de su lanzamiento, el conductor de Fox News Tucker Carlson invitó a Lewis a su programa; cuando ella rechazó la invitación, Carlson decidió mantener el segmento a pesar de ello y transmitió un clip de YouTube donde Lewis calificaba al aborto como "una forma de asesinato" (una postura a favor del aborto que defiende ). Lo que siguió a esto fue un torrente de abusos contra ella en Internet, en su mayoría por parte de televidentes de derecha que vieron a Lewis como la confirmación de todas las perversidades que sospechaban que conllevaba el feminismo: ella era "Satanás" o "peor que Satanás" o "¡la verdadera agenda del feminismo sin máscaras!", como recordara Lewis después.

La propuesta de Lewis de acabar con la familia nuclear también se encontró con el desconcierto de los medios de comunicación de izquierda. En una reseña para The New Yorker, la colaboradora Jessica Weisberg, quien por lo general simpatiza con la postura de Lewis, argumenta que Full Surrogacy Now pierde de vista ese "misterioso tipo de amor" que solo la maternidad biológica puede ofrecer. Incluso en Jacobin, una revista socialista, la escritora Nivedita Majumdar declaró que “el verdadero camino hacia la liberación no es el llamado a 'abolir la familia'”, y condenó la “hostilidad dogmática hacia la relación padre-hijo” de Lewis.

Lewis descubrió que cuando habla sobre la abolición de la familia, las personas responden como si "les hablara en otro idioma … como si lo que estuviera diciendo ni siquiera tuviera sentido sintáctico", dijo en la conferencia e-flux . "Es como la versión de la vida real del emoji de explosión cerebral".

Abolir a la familia puede que nunca haya sido una propuesta convencional, pero fue bastante conocida durante un período de tiempo entre los años sesenta y setenta. Los argumentos a favor de la abolición de la familia se remontan a Marx y Engels (y, de hecho, aún más atrás, a Platón ), pero la popularización del concepto en la izquierda moderna se le atribuye a la feminista radical Shulamith Firestone. En su manifiesto fundacional de 1970 The Dialectic of Sex [La dialéctica del sexo], identifica a la familia biológica como la base de la opresión de las mujeres porque las vuelve una clase inferior al obligarlas a soportar la peor parte del trabajo gestacional.

Ser una feminista radical durante estos años habría significado estar familiarizada con este texto y su demanda principal, que apareció en panfletos y literatura de izquierda. Sin embargo, tan solo una década más tarde, cualquier defensa de la abolición de la familia ya había desaparecido del discurso feminista. El movimiento prefirió adoptar los valores familiares, optando por luchar por la reforma de la estructura familiar nuclear, en lugar de su aniquilación.

A finales de los años 70 y 80, algunos grupos liberales y líderes feministas individuales argumentaron que la familia era la nueva frontera en la lucha de las mujeres por la igualdad, dados los logros que las mujeres habían obtenido recientemente en el campo laboral. "Ahora que las mujeres comienzan a tener una voz activa en la economía y la política, la agenda de la nación puede empezar a incluir verdaderamente a la familia", dijo Betty Friedan, autora de The Feminine Mystique [La mística de la feminidad], durante un discurso de apertura para la Asamblea Nacional de 1979 sobre El futuro de la familia, que fue organizada por la Organización Nacional para la Mujer.

Friedan dijo que la familia ya no era "territorio enemigo" para las feministas.

Cuando Lewis estaba escribiendo Full Surrogacy Now, no pensó mucho en cómo sería recibida su renovada convocatoria para la abolición de la familia en 2019. "Creo que algunas personas toman mi libro como un intento alevoso y decidido de hacer enojar a todos", me dijo ella, riendo. “Pero no siento que yo sea una personas de estratégias; no creo que sea una de mis habilidades fijarme en lo que dicen los demás y hacer una intervención calculada".

No obstante, Lewis ha elegido un buen momento para intervenir. Durante la última década, el feminismo aparentemente se ha olvidado de cualquier postura política real con el propósito de que sea sustituida por el marketing de empoderamiento de las marcas. El feminismo actual parece estar completamente divorciado de sus raíces radicales. Los debates contemporáneos sobre los roles de género, el trabajo de las mujeres y las políticas sexuales por lo regular parecen retomar los mismos argumentos que las teóricas feministas esgrimían hace décadas, pero rara vez reconocen que sea así. (Su próximo proyecto es abordar algunos de estos arquetipos feministas contemporáneos en un libro en el que está trabajando ahora, titulado tentativamente Feminism of Fools [El feminismo de los tontos]).

El llamado de Lewis a abolir la familia también es un llamado a revitalizar y repolitizar el feminismo.

Sophie Lewis, author of Verso's

Lewis isn't the first feminist thinker to propose abolishing the family: Her theory draws on the work of second-wave scholars like Donna Haraway and Shulamith Firestone. (Christopher Leaman)

Sería un error darle el crédito a Lewis por redescubrir a figuras como Firestone. Pero si bien estas teóricas de la segunda ola de ninguna forma han sido olvidadas, sus primeros trabajos son frecuentemente material para citas, mas no algo que se tome en serio activamente.

"En cuanto a esto, las intervenciones radicales de estas académicas y teóricas feministas ocurrieron hace 30 o 40 años", dijo Natasha Lennard, quien es amiga cercana de Lewis y autora de Being Numerous: Ensayos sobre la vida no fascista. "Ha habido una defensa estática y hagiográfica de estas ideas, pero no se les ha impulsado realmente, al menos no en la esfera intelectual pública".

Este tipo de reverencia es un anatema para Lewis. Cuando le pregunté qué feministas contemporáneas admira, nombró a la teórica feminista queer Sara Ahmed, a la feminista anti trabajo Kathi Weeks, y a los miembros fundadores del movimiento Wages for Housework como algunos ejemplos, pero dijo que es "un error" tener heroínas feministas. "Las creas y al hacerlo estás poniéndolas en una plataforma que luego se volverá una especie de maldición", dijo Lewis. "Ya no continúan aprendiendo y creciendo al mismo ritmo", lo que podría obstaculizar potencialmente el nuevo pensamiento feminista.

Haraway es una excepción. Lewis, olvidando lo que ella misma dice, a veces se refiere a Haraway como su "ídolo".

El llamado de Lewis a abolir la familia también es un llamado a revitalizar y repolitizar el feminismo.

Aun así, Haraway no está exenta de las críticas de Lewis. Aunque su obra se basa en la teoría encontrada en Cyborg Manifesto y otros textos tempranos de Haraway, Lewis ha criticado algunos de los argumentos más recientes de la académica. En 2017, Lewis escribió un ensayo para Viewpoint Magazine argumentando que Haraway parecía traicionar sus propios principios en su más reciente libro, Staying With the Trouble [Asumir el problema]. En Cyborg Manifesto, Haraway imagina un futuro utópico posgénero creado por cada miembro de la especie humana; pero en Staying With the Trouble, Haraway pide una reducción dramática de la población para disminuir los efectos nocivos de la humanidad en el clima, un giro cínico hacia la misantropía, escribió Lewis.

Para sorpresa de Lewis, recibió un correo electrónico de la propia Haraway poco después de la publicación de la pieza, invitándola a conversar con varias otras feministas de renombre que fueron copiadas en el mail. Haraway le dijo a Lewis que no tenía más remedio que "enfrentar" lo que Lewis había escrito: una crítica bien argumentada. (Haraway me dijo que no estaba disponible para una entrevista debido a un viaje).

Lewis es tímida al respecto, pero Haraway ha dejado en claro que ve a Lewis como alguien que da continuidad al legado de su obra, aun cuando la desafíe. Gran parte de lo que escribe Lewis es fundamentalmente harawayano en el sentido de que, aunque a veces es muy denso, está lleno de imaginación y metáforas.

"¡Subrogadas al frente!", exclama Lewis hacia el final de su libro. “Por 'subrogadas' me refiero a esas camaradas gestadoras, parteras y las diversas personas que intervienen en los momentos más complicados de la reproducción social: al reparar lanchas; nadar para cruzar las fronteras; bloquear tuberías que amenazan las aguas de un lago; dar a luz; tener un aborto involuntario".

Unas horas después de nuestro desayuno, Lewis me invitó a ver la película Queen & Slim con ella, Osterweil y su amigo Zach en un cine cercano al campus de la Universidad de Pensilvania. La película, un drama sobre una joven pareja negra que se fuga después de matar a un oficial de policía en defensa propia, no se trata, en apariencia, sobre la familia nuclear. Pero después de pasar solo una tarde con Lewis, no pude evitar pensar en ella de esa manera.

Slim está preocupado por su "legado", el cual inicialmente ve como algo que solo puede existir a través de un linaje biológico. Pero al final de la película, después de haber decidido abandonar a su familia para comenzar una nueva vida con Queen, le dice a ella que su legado es ella.

Lewis me dijo que esto sucede todo el tiempo, esta experiencia de ver algo y notar el subtexto abolicionista familiar. Probablemente ha sucedido viendo incluso "alguna película de superhéroes", dijo en broma.

"Vicky siempre me pica las costillas cuando estamos viendo algo que tiene que ver con el parentesco no nuclear", me dijo Lewis al día siguiente en un restaurante de ramen cerca de la oficina de su terapeuta, con quien se había reunido antes del almuerzo. “Ya sé cuándo lo hará. Dice algo como: '¡¿Eh?! ¡¿Eh?!'".

Otro lugar en el que Lewis ha encontrado temas abolicionistas familiares es en las películas de terror de Ari Aster, Hereditary and Midsommar, sobre las que escribió en agosto para Commune. El ensayo es el medio en que mejor se expresa Lewis, pues entreteje el análisis agudo que llamó la atención de Verso con sus idiosincrásicos humor e ingenio. Además, es también una mirada sombría a la familia nuclear de su infancia, de la cual solo podemos obtener un vistazo en Full Subrogacy Now: aunque Lewis pudo haber llegado intelectualmente a sus teorías sobre la abolición familiar y la subrogación, su propia educación familiar ha jugado un papel muy difícil de ignorar en todo ello.

En el libro, Lewis nos cuenta que su padre les enseñó a ella y a su hermano a tratar a su madre con desdén. Cuando sus padres se separaron, literalmente dividieron la casa por la mitad, sellaron unas puertas e incluso crearon una segunda cocina, haciendo así una división improvisada.

"En otras palabras, sé que la familia no representa una situación benigna 'por defecto'", escribe Lewis. "Siempre lo he sabido".

Sophie Lewis, author of Verso's

Lewis mira una fotografías en su departamento de Filadelfia. (Christopher Leaman)

A raíz de la muerte de su madre, había estado luchando con estas tensiones familiares de nuevo. El padre de Lewis la culpaba por uno de los intentos de suicidio de su madre de hace mucho tiempo y le enviaba mensajes desagradables a ella y a su hermano en Facebook y por correo electrónico.

Pero incluso en ausencia de las intervenciones de su padre, mientras crecía, la relación de Lewis con su madre nunca fue de un "tipo de amor místico". Esto hizo que llorar su muerte fuera difícil, especialmente cuando tantas personas parecen considerar la pérdida de una madre, el "pariente biológico más cercano", como Lewis dijo en su conferencia de noviembre, como la mayor pérdida que cualquiera puede sufrir.

"La gente me ha estado diciendo: 'Ámate a ti misma en los próximos días como ella te amaba'", me dijo Lewis. "Y yo digo, '¡Dios mío, es una idea terrible!'. Necesito amarme mucho mejor que eso y también deben hacerlo todos mis amigos".

El último día que pasamos juntas, visité a Lewis en su casa. Originalmente, me iba a llevar a dar un breve recorrido por su vecindario, pero estaba nublado y llovía, así que nos acomodamos en dos sillones en su sala. Ella preparó té verde, y el mío lo sirvió en una taza que decía "Tengo 99 problemas y el patriarcado heteronormativo blanco es básicamente todos y cada uno de ellos". Para mi deleite, su gato, pequeño y atigrado, de nombre Robespierre, en honor al revolucionario francés, saltó a mi regazo.

Lewis describió su porción del oeste de Filadelfia como una "aldea": incluye al Gold Standard, el pintoresco café donde nos conocimos, un salón de tatuajes, un estudio de yoga basado en la "justicia social", un jardín comunitario, una peluquería "punk", y una tienda de antigüedades para la que Lewis y Osterweil tienen un cupón de $50, un regalo de bodas que todavía no han usado a más de un año de haberse casado. Días antes, al buscar un asiento en Gold Standard, vimos a alguien que ya se iba y que resultó ser amigo de Lewis: le dijo que planeaba inscribirse a la clase del Instituto de Brooklyn que imparte este mes en la librería anarquista Wooden Shoe Books.

Poco después encontrar unos asientos frente a la ventana y saludamos a Osterweil, que fumaba un cigarrillo mientras cruzaba la calle.

"Sé que la familia no representa una situación benigna 'por defecto', escribe Lewis. Siempre lo he sabido".

Estando sentada a mi lado en su departamento, Lewis me mostró un álbum de recortes que su madre había hecho, lleno de fotos de ella jugando con baldes de agua y sonriendo en la playa, un recordatorio de sus propios argumentos en Full Surrogacy Now de que, en sentido figurado, deberíamos regresar al "ambiente acuoso" en que nos gestamos. Es en esos momentos, dice Lewis, al estar suspendidos en el líquido amniótico, cuando los límites de nuestro ser físico se funden constantemente. Reconocer que esto también es cierto en la vida, que todos estamos inextricablemente conectados entre sí, seamos familia biológica o no, crearía las condiciones para una "tutela parental radical".

También me mostró uno de los zines que ella y Osterweil dieron a los invitados a su boda, el cual incluye discursos de amigos y promesas mutuas. A estas últimas no se les podría llamar propiamente "votos", porque en realidad son anti votos que rechazan: la institución del matrimonio, la familia biológica y las disfunciones que ambas puedan reproducir. (Tuvieron una ceremonia más tradicional en Boston, a petición de la madre de Osterweil).

Pasar cualquier cantidad de tiempo con Lewis es sentir que el mundo que ella imagina está cerca. Ya sea que nos demos cuenta o no, muchos de nosotros ya estamos familiarizados con sus argumentos para abolir la familia. Cuando hablamos sobre la prevalencia de la violencia doméstica y el abuso infantil, cuando algunos de nosotros nos encontramos dentro de unidades familiares que perpetran estos crímenes, reconocemos que la violencia proviene del interior de la misma familia.

Puede que no lo llamemos "abolición familiar" o "subrogación completa", pero muchas personas han comenzado a erigir las comunas de cuidados y tutela que Lewis quiere ver realizadas. Las personas queer forman "familias por elección", al igual que otros grupos marginados que dependen unos de otros para su sobrevivencia. E incluso dentro de los hogares nucleares tradicionales, podemos escuchar a los padres decir que "se necesita una aldea completa" para criar a los hijos. Lo cual es el reconocimiento de que no es un trabajo que uno pueda hacer por sí solo.

Lewis nos muestra que, en muchos sentidos, la familia ya ha sido abolida. Al mismo tiempo, la "gestación abierta y totalmente colaborativa" que ella imagina permanece en el horizonte distante. Parafraseando una famosa cita del filósofo Fredric Jameson, Lewis considera que "si es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, tal vez sea aún más fácil imaginar el fin del capitalismo que el fin de la familia".

No obstante, Lewis ve destellos de este futuro en todas partes. Cuando está rodeada por su pareja y sus amigos, ve que hay "muchos cuidando de ella". No son sus parientes biológicos, pero son parientes en un sentido aún más verdadero: han elegido cuidar uno del otro sin la obligación que implica la estructura familiar nuclear. En la utopía feminista de Lewis, la familia no ha desaparecido; se ha vuelto más libre, más abundante y menos limitada.

Pocos días después de la muerte de su madre, Lewis confundió a una mujer que cruzaba la calle con ella. "Eso le provocó, en el momento, un torrente de lágrimas intensas", escribió Lewis en Twitter. “Pero ahora que lo pienso, me doy cuenta de que ella no se evaporó. Siempre estará presente, incluso después de que deje de aparecerse en las calles de Filadelfia".

Las madres, por supuesto, están en todas partes..

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